Cada vez que paso junto al muro del cementerio noto en los huesos un aguijonazo de nostalgia y me atenaza el alma una tristeza amarga impropia de un hombre de mi edad. Entonces recuerdo, como si fuese ayer, las miles de tardes que pasé guarecido a la sombra de esas piedras, con las amapolas acariciándome las rodillas sucias, leyendo aquellos viejos libros del abuelo José. La proximidad del camposanto me garantizaba la soledad necesaria para poder viajar sin molestias en la máquina del tiempo, buscar tesoros de piratas, encontrar las minas del rey Salomón o dar la vuelta al mundo en 80 días. Recientemente he vuelto junto al muro, pero ahora estoy al otro lado. Cuando ya no resisto tanta añoranza de aquel niño que fui, intento saltar la tapia, pero los otros muertos, comprensivos, me retienen suavemente de los pies y para consolarme me regalan un libro.
(2º Premio de Microrrelatos "Dónde lees tú" de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez)
Fotografía de Eduardo Margareto
19 comentarios:
Mar, es un cuento precioso, lleno de nostalgia y me encanta el final con esos muertos comprensivos que tan bien le entienden. Merece el premio, enhorabuena.
Muchas gracias Puri
Lo había leído en la página y era uno de mis favoritos. No sabía que ya lo habían fallado. ¡Felicitaciones!
Saludos.
Muchas gracias Gabriel. La entrega de premios será el 21 de Octubre. Colgaré en el Blog la foto. Un saludo.
Jo, Mar, jo.
Dan hasta ganas de morirse tan ricamente...
Saludos
Mar, yo ya había leído este micro. Que me encanta ahora como antes, por su ternura y por misterio.
Un abrazo grande.
Un relato que nos acerca a noviembre, a los difuntos, al regusto amargo, a la morriña. Me gustó mucho, Mar. Enhorabuena.
Abrazos sin morriña.
Gracias Miguel Angel, no será para tanto.
Nicolás, la verdad es que sí, que esos muertos que te agarran de los pies y te regalan un libro, son muy tiernos.
Si Lola, muy apropiado para el 1 de noviembre. La visita a unos muertos queridos ese día nos produce una auténtica morriña. Un beso.
Anda que no. Eso no es muerte, ni na; eso es estar en la gloria.
Me has hecho pasar de un lado de la vida al otro. Excepcional tu microrrelato.
Muchas gracias Javier. Celebro que te haya gustado. Pásate cuando quieras.
He leído tu microrrelato varias veces; se me ha quedado "clavado" en el corazón. Es de una ternura infinita, a pesar del poso de tristeza. Contar una historia tan, tan, tan profunda en un texto tan breve... es, sencillamente, maravilloso. Enhorabuena.
Un fuerte abrazo,
Nuria.
La añoranza de la infancia, del tiempo pasado, es terrible. Yo solo lo he revisto de un poco de ternura, para que duela menos. Muchísimas gracias por su comentarios Nuria, no sabes cómo te lo agradezco. Un beso.
Gracias a tí, Mar. Por regalarme el placer de leer -y releer- tan hermoso microrrelato. Un beso. Nuria.
No, a tí. Un beso.
Muy bueno, enhorabuena.
Muchas gracias Yolanda.
Encuentro el relato muy acertado en la estructura. Como lector estoy junto al hombre adulto recordando la niñez. El giro me hace sonreír y replantearme lo leído, sí he leído bien , no hay engaño. De obligada segunda lectura. Sería bueno saber el libro que los compañeros regalas. Es un premio merecido, Mar.
Muchas gracias Ximens siempre es maravilloso recibir comentarios a un micro que publiqué hace tiempo. Este es de los primeros del blog. Es un micro muy tierno, te tengo mucho cariño. Un abrazo.
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