lunes, 19 de diciembre de 2011

Mar de olivos

Cabopá, te regalo mi mar





Vivo junto a un mar de olivos. Su orilla es de tierra parda desmenuzada por pisadas y quillas de azadones. Las olas de hojarascas plateadas bañan suavemente el litoral de  pueblos blancos, a veces azules, a veces negros. Halcones planean sobre sus crestas centenarias y pescan liebres que nadan entre algas de jaramagos. En el horizonte asoman torres antiguas, como faros vigías, pobladas de fantasmas de guerreros íberos. Son los restos de batallas de piratas sin barcos, ruinas de sus luchas fronterizas por los mares prósperos de aceite y de sol. Quien se acerca a ellas, hipnotizado por su canto de leyenda, ya no vuelve, se queda prisionero en la piedra. Cuando la marejada mueve las copas de los olivos al compás de su ritmo enfurecido, la ropa tendida en las azoteas se impregna de salitre dulzón, y, cuando se cuelga en los armarios, su olor nos recuerda de dónde venimos, o puede que, a dónde vamos. Los mascarones de proa son de madera fuerte, tenaz, retorcida, y rompen las aguas de arroyos como heridas en la tierra seca. En este mar los pescadores recogen sus redes llenas de aceitunas y su sudor también es salado,  sus arrugas profundas como surcos. El aceite suaviza las quemaduras del sol, cura el alma, alimenta el cuerpo, mece nuestros sueños. Pequeñas islas emergen del agua, son campos de trigo, o de girasol, remansos donde atracar y refugiarse de la crueldad del  mar embravecido. Mi corazón también es de aceite, resbala en la duda, en la división de dos pasiones, y no sé, al final, si mi carne será comida para sirenas o abono de nudosas raíces de olivo. No sé. Quizás, sea lo mismo.




Fotos tomadas de la red

24 comentarios:

Mar Horno dijo...

Cabopá, especialmente para tí. Un beso.

Patricia Nasello dijo...

Yo también vivo en una tierra sin mar, aunque las sierras que rodean mi ciudad son un mar verde.
Como un juglar del medioevo has escrito un canto de amor a tu suelo, a tus raíces y a tu gente.
Ahora te conozco mejor, ya tomamos ese café del que hace un rato me hablabas...

Un beso enorme

Nicolás Jarque dijo...

Mar, es contradictorio que portando en tu identificación tan precioso nombre no vives cerca de toda esa agua salada. Pero como se puede observar leyéndote, tu tierra está repleta de vida, y es precioso ese mar de olivos, de campo y de montañas.
Me ha gustado mucho la descripción que haces, es preciosa. Así como el homenaje merecido a la gran Cabopá.
Un abrazo fuerte a las dos.

Laura dijo...

Vivo en una llanura sin olas, rodeada de un verde que me gusta. Tu tierra es preciosa Mar, tan especial como lo pueda ser la costa bañada por los mares. Has encontrado las palabras precisas para trasladarnos un paisaje precioso en un ambiente marinero sin barcos ni olas. ¡Qué bien contado!.

Un beso muy fuerte.

Adivín Serafín dijo...

Mi mar está preciosa cuando está como una balsa de tu aceite.

Blogsaludos

Yolanda dijo...

Yo tampoco tengo mar (ni siquiera de olivos), ni en mi nombre tampoco, aunque todos podemos encontrar uno a nuestro alredor si buscamos bien, en mi tierra el mar lo forman las montañas del norte con su roca pelada, o los páramos de las tierras y, aunque no huele a olivo, tienen su encanto. Enhorabuena por acercarnos a la belleza del "mar" de tu tierra de un modo tan especial.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Me ha tocado vivir en tres continentes distintos y siempre lo he hecho a orillas de mar azul y salado. Tanto me condiciona que siempre he dicho que no sabría vivir sin oler el yodo, si oír las olas.

Créeme que, leyéndote, me has hecho dudar.

Un abrazo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Precioso y emocionante texto, mar, muy intenso. Quizá te hayas convertido ya en carne engullida por las sirenas, tú misma sirena, si atendemos a esa vieja creencia de que sus cantos no eran otra cosa que palabras llenas de sabiduría... Un abrazo y felices fiestas.

Cabopá dijo...

"El aceite suaviza las quemaduras del sol, cura el alma, alimenta el cuerpo, mece nuestros sueños."

¡Qué bonico tu mar de olivos!
Estoy henchida de placer por tu relato que copiaré y me guardaré con mucho cariño. Esto es se amiga a través de los píxeles de esta pequeña pantalla que nos une, ya sea con mares calmos, bravios y azules. Ya sea con mares verdes y tierras pardas de oro líquido.

Querida Mar,es grato muy grato haberte conocido.
Cómo me hubiera gustado ser hoy la primera en comentar, pero vengo de un aperitivo-comida-merienda-copas de cava, con los compañeros de trabajo. Me ha emocionado tu relato, tus "palabras escritas" tan líricas y tan sentidas sobre ese mar que tu conoces también.
Ya hablaremos de Jaén algún día iré por ahí y nos conoceremos, si nadie lo remedia y va a ser que no mi Mar se irá para allá más pronto que tarde...Ya hablaremos alguna vez...

En fin bonica, sigue escribiendo que lo haces muy bien, me gustaría desgranar tu texto y comentar cada uno de los puntos y comas, pero esto sería muy largo -ya lo es- así que recibe un "mar de besicos salados",que yo ya disfruto de ese oro líquido a diario, pues el aceite que cura, calma y muchas cosas más lo tengo de ahí de tu tierra.
BESICOS MILES.

Cabopá dijo...

Acabo de enlazarte a mi ventana...
Más besicos amiga.

Rosario Ruiz de Almodóvar Rivera dijo...

Precioso tu relato, soy una enamorada de los olivos, mis veranos infantiles los pasé rodeada de los olivos granadinos, aún sigo disfrutando de ellos, de su aceite y sus aceitunas y sobre todo de ese paisaje ordenado y simetrico que me apasiona.
Un abrao fuerte desde mi Librillo.

Begoña de Urrutia dijo...

No se bien como he llegado hasta tu blog, pero me ha encantado está entrada, la muy inteligente forma en que has descrito tu campo con los terminos marineros. Yo vivo cerca del mar y he disfrutado con tu descripción.
Muy Feliz Navidad y Año Nuevo

Elysa dijo...

Bellísimo y especial tu mar de olivos, Mar. Hay verdadera pasión por esta tierra en tus palabras, he disfrutado leyendo y dejándome mecer por esas olas verdes.
Agradezco que compartas esta belleza.

Besitos

Mar Horno dijo...

Patricia, estos cafés a veces son mejores que los otros. Gracias por tu comentario.

Nicolás, yo siempre tuve la pena de no vivir junto al mar, hasta que me di cuenta de que sí tenía uno precioso que se divisaba desde mi ventana. Un saludo.

Muchas gracias Laura, aunque se me han quedado muchas cosas en el tintero, que no quería hacer muy largo el micro. Un beso.

Mar Horno dijo...

Adivín, lo mejor es que el aceite se queda siempre sobre el agua. Es lo que tiene ser tan suave. Un saludo.

Yolanda, hay un mar dentro de nosotros, sólo hay que sacarlo. Un beso.

Pedro, qué suerte haber vivido siempre a orillas del mar. Aunque puedes probar otros mares, en todos hay islas y piratas. Un saludo.

Mar Horno dijo...

Isabel, siempre que apareces en mi Blog, eres como el sol asomando por el horizonte. Un beso muy grande y muchas gracias por leerme. Es todo un privilegio.

Mar Horno dijo...

Cabopá, siempre me obsequias con esas maravillosas fotos y versos sobre el mar, que he querido devolverte el regalo con mi mar de olivos. Espero que te haya gustado. Para mí, entrar en tu Blog siempre es un soplo de aire de fresco, desconecto de todo y me baño en tu mar, en verano, alejada de todo y de todos. Un beso y felices fiestas ( si puedes).

Mar Horno dijo...

Rosario, muchas gracias por visitar de nuevo mi Blog. Bienvenida. Los olivos se te agarran al alma y ya no los puedes olvidar. Un beso.

Begoña, no sé cómo habrás llegado a mi Blog pero me encanta verte aquí y que te haya gustado el texto. Vuelve cuando quieras. Bienvenida. Un saludo y feliz Navidad también para tí.

Elysa, eres un sol, tus comentarios siempre son maravillosos. No sé quién está más agradecida si tú o yo, sin duda yo. Un beso navideño o antinavideño, como prefieras. Un beso.

manuespada dijo...

Me ha gustado mucho esa manera tan tuya de "trasplantar" el mar a la tierra. Mi hermano es marinero de Salamanca (aunque nacido en Donosti), y siempre le dicen sus compañeros que es un marinero de secano. Tu texto me ha recordado a él. Abrazos.

Mar Horno dijo...

Manu, te agradezco que me visites de nuevo. Yo creo que hay personas que nacen con una fijación innata por el mar. Su corazón siempre está sobre las olas. Tu hermano, por ejemplo. Un abrazo y vuelva cuando quieras.

murci dijo...

Mar de otros líquidos ,nacidos del sufrimiento.Mar de Horno templado que que caldea con palabras...
Vengo de cabopa,me quedo por estos mares.
UN abrazo

Mar Horno dijo...

Bienvenido al Blog Murci. Vuelve cuando quieras. Buena referencia la de Cabopá.

ana dijo...

La belleza y la fuerza que cobra ese mar de olivos en tus palabras es potente,me ha resultado muy cálido y acogedor,precioso...
Besitos ,Ana

Mar Horno dijo...

Ana, te echaba de menos. Nuestro mar es muy especial, duro, pero espcial. Un beso.

Publicar un comentario en la entrada