sábado, 26 de noviembre de 2011

Como el turrón

Relato en "La otra Navidad" de La Esfera Cultural

He de admitirlo: no puedo vivir sin ella. No concibo la existencia sin su presencia, sin su olor, sin sus abrazos. Mi vida se ha ido al traste. La casa es un desastre, me alimento a base de comida del chino, ando con un pijama sucio y sin afeitar todo el día, mi armario está vacío de ropa limpia, los platos se acumulan en el fregadero y las plantas se han secado. Me paso el día haraganeando y echándola de menos. No sé como se me ocurrió irme sin más después de tantos años de amor incondicional. Las últimas conquistas que han pasado por mi cama son egoístas y egocéntricas. Siempre termino comparándolas con ella y, por supuesto, siempre salen perdiendo las otras. Después de varios encuentros no vuelvo a llamarlas. A ella, sin embargo, la llamo todos los días, por los viejos tiempos.
En estas fechas tan señaladas ella me pregunta cómo estoy y yo le miento por orgullo. Pero me muero por volver. Por sentir en mi piel una camisa lavada y planchada por ella, por comerme sus albóndigas de concurso de cocina mientras me pregunta cómo me ha ido el día, por pasarme los fines de semana tirado en el sofá viendo la tele mientras la oigo arreglar la casa y volver de la compra, por coger un resfriado y recibir sus cuidados. Eso sí es amor, amor del bueno. No encontraré otra mujer igual. Nunca debí dejarla escapar. Nunca debí permitir que él se interpusiera, que fuera un obstáculo, él, que no sabe apreciarla como yo, él, que no sabe reconocer sus muchas virtudes.
Esta mañana he ido a visitarla y ella se ha deshecho en arrumacos y besos. Después lo he invitado a él a un café en el bar de la esquina y, cuando hemos salido al rellano, he fingido que el ascensor estaba averiado. Tras asegurarme de que no había ningún vecino indiscreto le he empujado por las escaleras. Ha rodado como una pelota desinflada y se ha estrellado contra la pared, un hilillo de sangre ha salido de su boca. Tras esperar unos instantes, sin rencores, he llamado al 061. – Si, rápido, rápido por favor, un accidente, calle Tebas, nº 43.
¡Pobre papá, descanse en paz!. Mañana haré las maletas y volveré a casa. Por Navidad.




Publicado hoy en La Esfera Cultural dentro de su convocatoria "La otra Navidad".

La convocatoria aún está abierta.

37 comentarios:

Rosa dijo...

Ya lo he leído allí y te he dejado mi comentario...Jeje.

Besos de enhorabuena desde el aire

Cabopá dijo...

¡Madre mía!
Esto es volver a casa de forma distinta... cómo el turrón pero menos dulce.
Besicos.

Odys 2.0 dijo...

El espíritu de las navidades presentes volverá para atormentarle. Seguro...

Feliz Navidad :-)

Sara Lew dijo...

Ya me he pasado por allí. Muy negro...

Mar Horno dijo...

Rosa, Cabopá gracias por pasaros por La Esfera.

Odys, tú sabes que el espíritu de las Navidades sean presentes o pasadas, tienes el humor muy negro.

Gracisa Sara, el micro tiene otro saber, más dulce... Un beso.

XAVIER BLANCO dijo...

Mar, veo que esa pareja tiene futuro, y las desgracias unen. Ya te lo he dicho, me gusta verte en La Esfera, es una de mis páginas mas queridas. Yo todavía no he enviado el mío, estoy flojo, será que el espíritu navideño me ha invadido.
Un abrazo

Miguelángel Flores dijo...

Ya lo había leído en La Esfera. Y me gustó muchísimo pero no tenía tiempo. Me sorprendío la manera en que me metiste en la historia que tú querías que yo leyera. Porque luego lo releo y veo que en realidad tú no has puesto lo que yo creo haber leído. Me encanta cuando me pasa esto. Felicidades, Mar.

Mar Horno dijo...

Xavier, el tema Navidad no inspira nada. De todos los concursos que se convocan con motivo de estas fechas nunca he podido escribir nada para ninguno. Para La Esfera es distinto, la inspiración surge sola. Un saludo turronero.

Mar Horno dijo...

Miguel Angel, la verdad es que cuando escribí una primera versión si se dejaba intuir que la mujer con la que quería volver era su madre, pero luego creí que sería más divertido la sorpresa final y borré todas las pistas. Me alegro que te haya gustado. Un saludo.

El conocimiento es un amigo mortal dijo...

Me ha encatado, Mar.

Es lo que tiene el frío acuchillador de diciembre, el olor de la ciudad en Navidad. Se tiene la impresión de que eso ocurrió hace siglos y de que siglos tardará en volver a ocurrir, pero uno siempre vuelve...Es el no llegar a reconocerla la que la hace tan sugerente, la que vuelve su mirada hacia atrás, hacia el pasado, hacia nunca. Entonces cuanto toca se vuelve nostalgia. Nostalgia de todas esas noches, nostalgia del cariño de su madre, que le mira sentada desde un paisaje en blanco y negro, con una juventud que nunca conoció en ella y que él ya ha pasado, nostalgia incluso del presente - no tiene desperdicio el comienzo de la historia -...
Ni por amor ni por interés, Mar. Algo de amor, en efecto. Pero el amor que él siente por su madre se parece al que debieron de sentir los hijos por sus madres en la época en que habitaban los bosques, amenazados en cada momento del día y de la noche con ser devorados por las fieras. Entonces los hijos se agarraban desesperadamente a las rodillas de sus madres, reclamando protección, amor y vida, deseando todas esas cosas con una intensidad y una pasión idénticas. Los hijos no pueden sentir semejante amor por una madre más que en casos de temblor de tierra, de diluvio o de grandes cataclismos como los que describes en tu anterior y genial relato. Solamente en las ocasiones en que el mundo amenaza con hundirse...

Admiro tu ironía, Mar.

Lola Sanabria dijo...

¡Fuerte, fuerte! Yo sí intuí que iba a haber sorpresa, aunque no sabía cuál. Ahora lo de la madre y la cama...¡qué fuerte!

Abrazos redondos.

Maite dijo...

Admito que no sabía por dónde ibas a salir, y admito también, encantada, que me sorprendiste con el final. Muy bien escrito, como es habitual. Besos.

Elysa dijo...

Bien contado y con sorprendente final, nunca hubiera pensado en ese. Cuando oiga el dichoso estribillo de vuelve a casa por Navidad, me acordaré de tu micro, seguro.

Besitos

Mar Horno dijo...

Amigo mortal las madres siempren protegen a sus hijos, a veces demasidado y los hijos siempre buscan en ellas esa protección. El protagonista siente un amor enfermizo y egoísta por su madre, en ella ve a la madre protectora pero también a una amiga, una esposa, una criada, que le aguanta tal como es sin pedir nada a cambio. ¿Dónde va a estar mejor que con su madre?. Un saludo y gracias por tu comentario, otra manera de ver la historia muy interesante.

Mar Horno dijo...

Lola, fuerte pero fuerte, es una exageración, ¿pero quién no conoce algún caso ahora que los hijos tardan tanto en irse de casa?. Un beso.

Maite, me alegra haberte sorprendido, que en el tema Navidad está todo dicho y es difícil dar el campanazo. Un beso.

Mar Horno dijo...

Elysa, anda que el dichoso anuncio no ha hecho que se le salten las lagrimillas a las mamas de cierta generación... je, je, Un beso.

Luisa Hurtado González dijo...

Por fin tuve tiempo de leerlo. Con la última frase me has pillado, a mi y a todos, y lo sabes.

En cuanto a la Navidad, lo cierto es que no inspira nada de nada, pero ya cumplí con la Esfera y... ¿por qué? porque pedía textos de Navidad pero "poco navideños" y por ahí surgió la inspiración. Y menos mal.

Nicolás Jarque dijo...

Mar, esto es un complejo de Edipo de manual. Mira que se puede ser mala persona, pero matar a un padre de esta forma y por estas causas... no tiene nombre.
Ha estado muy bien que simulará ser una relación amorosa hasta el final porque la sorpresa es mayúscula, y le da un toque más bárbaro aún.
Me ha gustado mucho.
Un abrazo.

Mar Horno dijo...

Hola Luisa, a mí me ha pasado lo mismo, es que la Navidad se me atraganta pero mucho mucho. Solo para La Esfera he conseguido escribir micro navideñado. Un beso.

Sí Nicolás, es un complejo de Edipo en toda regla, de hecho el nombre de la calle es un pequeño homenaje. c/ Tebas. Un saludo. Me alegra haberos sorprendido a todos. Un saludo.

ESPERANZA dijo...

Me has pillado desprevenida con el final, no me lo esperaba. Muy bien escrito, en tu línea y muy bien resuelto.

Un abrazo,

Mar Horno dijo...

Esperanza, gracias por leerme con tan buenos ojos. Un besazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Como sabemos que es la otra navidad, emprendemos el camino avisados. De ahí que le busque la vuelta y sospeche que esa mujer que añora es su madre. Ahora bien, el final me ha sorprendido, me ha hecho volver al inicio de forma automática.

Gran trabajo, Mar.

Ya había pasado otras veces por aquí, pero de esta me quedo asomado a la ventana. Marcaré el camino desde mi casa.

Un saludo,

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja, mar, hoy dia a los hijos no nos los quitamos de encima ni con agua caliente... Me encanta este humor negro. Felicidades por la publicación. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Pedro, bienvenido al blog y gracias por quedarte asomado a la ventana. Tus comentarios siempre son muy jugosos en casa de otros amigos. Me encantaría tenerlos aquí también. Un abrazo. MAR HORNO.

Ximens dijo...

Jeje, Mar. Como nos induces a creer lo que no es. En la segunda lectura se aprecia el cuidado en decir. Navidad en rojo y con mamá. Buen trabajo

ana dijo...

Muy macabro...pero muy acertado,aunque el desenlace te deja fría ,tambien hay gran razón en lo que cuentas,ay!..menudo espiritu de Navidad!!
Muy divertido,eres un genial!
Un besito,Ana

Mar Horno dijo...

Hola Isabel, qué alegría. El texto es muy exagerado pero enconde más verdad que un santo. Un beso muy fuerte y cariñoso. Gracias por visitar mi blog.

Mar Horno dijo...

Ximens, me encanta que el texto haya provocado una segunda lectura. La verdad es que sólo pretendía arrancar una sonrisa. Un saludo.

Ana, ante la Navidad que se avecina mejor tomarse las cosas con humor. Un beso muy grande amiga.

Adivín Serafín dijo...

Fenomenal. Es un final lleno de un egoísmo de amantísimo hijo.

Blogsaludos

Anónimo dijo...

Como ya te dije hace días, sabía que tu relato endulzaría la Navidad, siempre tan triste. Sabía que no sería "un dulce tradicional navideño", entre otras cosas porque la convocatoria de la Esfera Cultural así lo indicaba.
Es un DULCE (con mayúsculas) porque tiene todos los ingredientes para atrapar a cualquier persona "golosa" de buena literatura. Es un relato redondo, que atrapa, que conmueve, que sorprende (¡qué desenlace!). Bienvenida sea la Navidad -que tan poco me gusta- si trae bajo su manto regalazos como este relato.
Un beso.
Nuria.

P.D. Al igual que "Morriña", este relato se quedará para siempre conmigo.

Anónimo dijo...

Posdata a la Posdata: El lugar de "Moriña" en mi corazón es insustituible... Pero mi corazón es muy grande y tiene espacio para albergar todo tipo de buenos relatos.
Otro beso,
Nuria

Mar Horno dijo...

Adivín, el amor es en muchas casos muy egoísta y ya se sabe, "hay amores que matan". Un saludo navideño.

Mar Horno dijo...

Nuria, ya te echaba de menos. Yo sé que tienes un corazón muy grande, eso se nota en tus comentarios. Y van a caber muchos microrrelatos, sobre todo tuyos, ya lo verás, y de muchos compañeros microrrelatistas que escriben verdaderas joyas del género. Cuantos más acumules más grande se hará tu corazón. Un beso muy fuerte.

Anónimo dijo...

Tengo que volverlo a leer...releer...es fundamental...para, si no comprender....senntirrrr!!!! aunque sea escalofríos...
Pilar

Mar Horno dijo...

Pilar, nadie como tú hace los comentarios tan visuales. Un beso navideño.

Isabel dijo...

Muy bueno, el final sorprende.

Saludos.

Mar Horno dijo...

Muchas gracias Isabel por tu comentario. Bienvenida al Blog. Un saludo.

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