sábado, 21 de enero de 2012

Fénix

Dedicado a Xavier Blanco


Phoenicopterus, viejo y cansado, planea otra vez sobre el Mar Mediterráneo, cementerio opalino donde reposan miles de civilizaciones perdidas. El cuerpo famélico, un ojo ciego, el plumaje deslucido y opaco, una garra rota, el pico desgastado. Divisa la costa egipcia con su ojo bueno y vira al este para aprovechar las corrientes que lo lleven a Heliópolis. Otra vez.
 Siente el ahogo de su corazón cansado, el esfuerzo de sus pulmones por llenarse de aire, la extenuación de sus músculos en el planeo. Ya queda poco. El delta del Nilo se divisa como si fuera una hoja muerta y seca de múltiples nervios. Cada batir de alas es una tortura, pero lo que más le pesan son sus lastres atávicos de dios menor. La soledad insoportable de su linaje único, el desamparo de su orfandad eterna. El alma extenuada por la losa de la inmortalidad, la curiosidad agotada por el saber acumulado en cada resurrección, la compasión muerta por el conocimiento del bien y del mal, el espíritu desgastado por la certeza de todos los enigmas de la existencia.  Una y otra vez, los mismos días, los mismos hombres, el mismo cielo. Un día, todos los días.
Llega a un valle tras las montañas y desciende con dificultad hacia las ruinas escondidas de la Ciudad del Sol. Cae extenuado ante la entrada del Templo. Esta vez no va a buscar hierbas aromáticas para construir el nido donde inmolarse sino que entra cojeando en el Santuario para invocar a Ra. Ante su efigie cuarteada entona un canto milenario y secreto. Ra acude y escucha sus súplicas durante tres días, después, desaparece.
El Fénix sale del Templo del Sol y levanta el vuelo con renovadas energías. La luz le parece ahora distinta, más clara, más esperanzadora. Sube muy alto hasta que Heliópolis le parece las ruinas de una raza diminuta. Después se deja caer en picado como un rayo dorado y flamígero. Mientras desciende a velocidad de vértigo pasan ante sus ojos los miles de años vividos y a medida que cae sus vivencias se van borrando y deshaciendo como volutas de humo, como si nunca hubiesen existido, hasta que su alma y su memoria quedan limpias. Ahora se siente nuevo, renacido, resurgido, aliviado, liberado, purgado, expiado, purificado. Cuando está a punto de llegar al suelo, ve un árbol retorcido y seco, rectifica su vuelo con un leve movimiento de su cola para dirigirse a él y se empala en el tronco sin piedad, sin remordimientos y sin dudas.
Ra observa el hecho y le concede, indulgente, su deseo al Fénix: su última catarsis, pero esta vez piadosa, justa y definitiva: la muerte como muerte.

Para Xavier Blanco y "Los últimos de Howland".
Todos necesitamos, alguna vez, una catarsis.

36 comentarios:

XAVIER BLANCO dijo...

Mar, ¿qué quieres que te diga?...gracias por esa dedicatoria, y por este texto tan magnífico, tan bien documentado y tan bien escrito. Con esas frases memorables:ese cementerio opalino, esos lastres atávicos de dios menor, ese rayo dorado y flamígero...
Gracias por esa referencia a "Los últimos de Howland", la eternidad, como decía Arthur Schopenhauer, "es desear la perpetuación de un error". Hay que sentirse vivos, y renacer cada día de nuestras propias cenizas, aunque cueste, aunque duela, hay que alzar el vuelo, y planear sobre este mundo que nos ha tocado vivir, y desde ahí arriba, sin caminos, sin cercas, sin límites que nos coarten, todo se observa mucho mejor.

Un beso Mar.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Si yo fuese Don Xavier no cabría en mí de gozo. Hoy le ha tocado un regalo formidable.

Destaco tu prosa suave, Mar, envuelta en imágenes potentes que mueven -sacuden- al lector.

Enhorabuena a ambos, a Don Xavier por su fortuna y a ti por la obra.

Un abrazo.

Nicolás Jarque dijo...

Mar, estupenda ¿replica? al relato de Xavier, del cual vengo de leer ahora, y como a él, sólo me queda rendirme ante vuestra categoría y felicitarte. Eres una gran ESCRITORA.

Felicidades y un abrazo.

Juan Ojeda dijo...

La prosa en poesía dicen es uno de los embrujos más tramposos de la literatura; y aquí, como en pocas partes, lo he visto levantando vuelo (y levantándonos en el fulgor de sus alas)... Conmovedor texto, claro que sí, claro que todos necesitamos un instante para rompernos en mil pedazos,,, y que todo el amor de una sombra amiga, nos de ese tiempo para resurgir.

Fuerte abrazo.

Juan Leante dijo...

¡Caray Mar! Vaya dedicatoria tan magistral que te has marcado. No tengo el gusto de conocer a Xavier pero puedo entender que se sienta en una nube después de tan exquisita dedicatoria.
Me ha encantado la lectura, y como dice Xavier, lo bien documentado que está el relato.
Saludos.

Rosa dijo...

MARAVILLOSO Mar. Me has dejado sin palabras.
Besos desde el aire

Cabopá dijo...

Eres una artista de las "palabras escritas". No me canso de decirlo.

Un relato magnifico y lleno de citas con palabras cálidas. Precioso.

¡Nena tu vales muchas letras!
Besicos

CDG dijo...

Conozco poco el rincón del susodicho pero ese homenaje es digno de aplauso.
Has hecho literatura.
Un beso.

Esperanza dijo...

¡¡Guau!! Pedazo de texto, me quito el sombrero, Mar, estás que te sales, enhorabuena.

Besos,

Yolanda dijo...

Una vez más haces gala de tu categoría como escritora con este delicioso relato tan envolvente y documentado. ¡Enhorabuena!

Miguelángel Flores dijo...

Jesús, Mar, jesús... Ves?, pues sí me has sorprendido, sí. Un texto impresionante. Y como dicen por ahí, has debido leer mucho antes, o, nena, tú sabes mucho. El company debe estar con el ego por las nubes. Menudo regalazo. Es un placer leerlo, sobre todo la tercera vez. Enhorabuena a los dos, a la escritora y al "muso".

Abrazos, muchos.

Patricia Nasello dijo...

Sin palabras, Mar. Emociona la perfección de tu cuento.

Desde hace algunos años coordino un taller de creación literaria, sería un honor si me permitieras llevar Fénix y El árbol de los suicidas para su lectura (comienza en abril, ahora estamos de receso) Ojalá te agrade la propuesta, un abrazo admirado.

Laura dijo...

Si yo fuera Xavier, estaría flotando en el aura de tu estela. Has brillado Mar, has resplandecido renaciendo en una prosa poética de miles de palabras bien engarzadas.

Si yo fuera Xavier , te daría un beso de agradecimiento y un fuerte abrazo, porque la ocasión, en ese rincón de Howland o en esa Ciudad del Sol, lo merece.

Un abrazo porque me ha ¡encantado!.

Laura.

Anónimo dijo...

Muy buen texto.
Sin energías que renovar, abandono cualquier intento de hacer públicos mis escritos.
Ave Fénix, que no resurge de sus cenizas.

Elysa dijo...

Es tan hermoso que no he podido resistirme a dejar el comentario, sé que está dedicado a Xavier, pero yo te doy las gracias por compartirlo.
Besitos

Lola Sanabria dijo...

Es bellísimo. Un maravilloso regalo a Xavier.

Me gustó muchísimo.

Abrazos, muchos.

Mar Horno dijo...

Xavier, volverás con energías renovadas, ahora quémate, quémate. Que el viento lleve y traiga tus cenizas, las revuelva y luego resucita. Te esperamos. Un abrazo.

Mar Horno dijo...

Pedro, soy muy cuentísta, de hecho es lo único que he escrito a lo largo de mi vida. De vez en cuando, cuando empiezo un microrrelato se me va la mano al cuento y me paso tres pueblos, aunque espero haberos hecho disfrutar.

Nicolás, muchas gracias, por lo de escritora, pero qué más quisiera yo. Un abrazo.

Juan, todos necesitamos alguna vez bajar al infierno. Un saludo.

Hola Juan Leante, la mitología me queda lejos pero todo se soluciona mirando una enciclopedia y cogiendo cuatro datos. Un abrazo.

Rosa, no quiero dejarte sin palabras, quiero que disfruten y te inspiren. Un beso.

Mar Horno dijo...

Hola Cabopá, tengo pocas letras, pero intento combinarlas con gracia. Es lo que nos queda a los aficionados. Oye tengo problemas para comentar en tu Blog, cosas de internete. Un besazo.

CDG, al margen de la dedicatoria, celebro que te haya gustado. Un abrazo.

Esperanza, la musa es caprichosa, cuando me abandone no sé lo que voy a hacer. Un beso.

Hola Yolanda. El Fénix siempre ha despertado en mí sentimientos encontrados. Por un lado me parece un privilegio su resurrección, por otro me parece también una maldición. Un beso.

Miguelángel, si lo has tenido que leer tres veces, por placer, me siento más que satisfecha. Un abrazo.

Patricia, llévate lo que quieras del Blog para tu taller, será para mí un honor y un privilegio. Un beso.

Laura, yo sé que Xavier lo agradece mucho y lo que pretendo es que vuelva a escribir y nos deleite con sus micros, que lleva un tiempo que no levanta cabeza. A ver si resurge de sus cenizas. Un abrazo.

Anónimo, los escritos siempre hay que hacerlos públicos, a unos les gustara y a otros no, pero para gustos colores. Publica, publica. Un saludo.

Mar Horno dijo...

Elysa, qué alegría, ¿cómo estás? Espero que estés mejor, si has tenido ganas de comentar, poco a poco te veo recuperandote bastante bien. Un besazo y mucho ánimo.

Lola, a mí si que me gusta muchísimo verte en mi Blog. Un besazo.

ana dijo...

Ohhh!Magnífico!! Qué final!!Una autética catarsis literaria!Todo,Mar,todo me ha gustado.
Besos,Ana

Adivín Serafín dijo...

No sé qué decirte. Me has dejado sin palabras. Mar, lo tuyo es esto, escribir.

Saludos

Anónimo dijo...

Una preciosidad de regalazo para Xavier (y para tod@s los que lo leemos).
Esta vez sí me despido por una larga temporadita; temas de salud.
Me ha encantado leerte estos meses.
(Si puedes, elimina el comentario tras leerlo. Es muy personal, pero no tengo otra forma de comunicarme contigo).
Un besazo enorme y mucha, mucha, mucha suerte en la vida, Mar.
Nuria

Maite dijo...

Menudo homenaje, Mar. El protagonista -D. Xavier- tiene que estar pletórico. Abrazos para ambos.

Mar Horno dijo...

Ana, que me pones colorada. Un beso.

Adivín, lo mío será escribir, pero no me dejan hacerlo. De a poquito a poquito, en pequeñas dosis. Así me tengo que conformar. Un abrazo.

Maite, yo sólo espero que se haya animado un poco, que está de capa caída. Cosas de la musa y de la vida. Un beso.

Mar Horno dijo...

Nuria, yo sí que te deseo a tí lo mejor. Espero que no sea nada grave y te recuperes pronto. También espero estar aquí cuando vuelvas y pueda leerte otro comentario. Muchas gracias por los que siempre me haces. No tienen precio para mí. Aquí estoy para lo que quieras. Mi correo personal está en Blogger, si necesitas hablar con alguien, escríbeme. Un beso muy grande.

Torcuato dijo...

No se nos debe olvidar, todo son ciclos.

Joder, Mar, que bien escribes.
Besos.

Mar Horno dijo...

Torcuato, eres de pocas palabras, pero siempre utilizas las precisas. Muchísimas gracias por tu comentario. Un abrazo.

Ximens dijo...

Otro relato que me alucina por lo bien que se lee, por el análisis de la eternidad y sus males. En fin, que donde voy yo con mi Benicia y Justino. Aplausos. He leído el de Xavier y ya si que me dedico a la lectura, solo.

Mar Horno dijo...

Ximens dedícate a leer si quieres, pero no dejes de escribir, que no nos lo merecemos. Un saludo.

Mª. Antonia Moreno dijo...

Está visto que lo tuyo es lo breve y lo no tan breve. Será porque te dejan escribir de a poquito, pero a lo mejor, cualquier día, te lanzas y escribes una novela.
Ojo, que a mí lo breve me gusta... pero también lo menos breve tiene su encanto. Y tú puedes hacerlo. Un abrazo

Mar Horno dijo...

MªAntonia, una novela no, pero no pierdo la esperanza de publicar un libro de cuentos o de micros. No para quedar en los anales de la literatura sino para disfrute y recuerdo de mis hijas. Un besazo.

Paloma Hidalgo dijo...

Una maravilla. Es precioso, me ha encantado leerlo.

Un abrazo

Mar Horno dijo...

Muchas gracias Paloma, bienvenida. Un beso.

manuespada dijo...

Un texto muy trabajado, con una prosa magnífica, casi poesía. Se sale de los cánones del microrrelato, lo que demuestra que no hay que poner puertas al campo porque al final, todo es Literatura, sin más.

Mar Horno dijo...

Los cánones son muy discutibles. En un taller que hice, el máximo que consideraban microrrelato era un folio. Yo los prefiero más cortitos. Si uno disfruta al escribirlos y al leerlos, pues eso, literatura. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

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